Rambla de St.Pierre, 07:50
Desde el banco donde estoy
sentada, bajo el cielo azul y las palmeras, veo a
Aurora a bordo del Shipping, preparándose para
partir. Está subiendo el bote después de dejarme
en el pontón. La despedida fue rápida, como es
mejor cuando se navega.
Una mañana de agosto de 2008,
en un café de la avenida Santa Fe, Auro aceptó
generosamente mi propuesta de acompañarla hasta el
momento del gran cruce del Atlántico, que ése sí,
haría sola como siempre fue su gran deseo.
Embarqué en ese momento en el Shipping y en el
proyecto de Aurora, y desde entonces hemos
compartido de todo: los trabajos de preparación
para el viaje, tanto en el barco como en nuestras
vidas; el gran momento de la partida; el viaje.
Mares, desafíos, sustos,
logros, fracasos, broncas, reconciliaciones,
maravillas, encuentros… mucho charlamos y
filosofamos sobre los hechos y transformaciones
que fuimos pasando.
Suenan las campanadas de las
08:00 en la vieja alcaldía de madera, justo cuando
Auro levanta el ancla. Como me olvidé la cámara de
fotos, trato de grabar este momento en mi memoria.
Mientras ella zarpa, yo voy a la punta del pontón.
Nos despedimos de lejos con los brazos bien
abiertos y los pulgares arriba. Maniobra
impecable, el Shipping levanta la mayor, y allá se
va, rumbo a Dominica. Auro empieza su viaje en
solitario.
Yo embarco en otro viaje, y me
bajo del Shipping marcando territorio: que el
próximo tripulante sienta, como mínimo, tanto
cariño como yo por el barco y su capitana. Aprendí
enormemente en este viaje, sobre el mar y la vela,
sobre la amistad y el trabajo en equipo. Gracias,
amiga, por esta oportunidad y por compartirla
conmigo.
Nos vemos en las Azores, si Dios quiere, éxitos y
que buenos vientos te acompañen!